Dialogos III
Dialogos III —Dices bien, Sócrates —intervino Simmias—. Ahora yo te diré lo que me tiene inquieto, y Cebes, a su vez, respecto a por dónde no acepta clo dicho. Pues a mà me parece, Sócrates, acerca de estos temas, seguramente como a ti, que el saberlos de un modo claro en la vida de ahora o es imposible o algo dificilÃsimo, pero, sin embargo, el no comprobar a fondo lo que se dice sobre ellos, por cualquier medio, y el desistir de hacerlo hasta que uno concluya de examinarlos por todos lados es propio de un hombre muy cobarde. Acerca de esos temas hay que lograr una de estas cosas: o aprender <de otro> cómo son, o descubrirlos, o, si eso resulta imposible, tomando la explicación mejor y más difÃcil de refutar de entre las humanas, embarcarse en ella como sobre una balsa dpara surcar navegando la existencia, si es que uno no puede hacer la travesÃa de manera más estable y menos arriesgada sobre un vehÃculo más seguro, o con una revelación divina[60].
»Por lo tanto, en este momento, yo, al menos, no voy a avergonzarme de preguntar, ya que tú lo has dicho, ni me reprocharé en el futuro no haber dicho ahora lo que me parece. Lo cierto es que a mÃ, Sócrates, cuando examino lo dicho con Cebes y por mà mismo, no me dan la impresión de estar suficientemente probados los argumentos.
Entonces dijo Sócrates:e