Dialogos III
Dialogos III —Ya lo digo —repuso Cebes—. Es que me parece que el razonamiento permanece aún en el mismo punto y, lo que ya decÃamos en la conversación anterior, conserva el mismo defecto. Respecto a que nuestra 87aalma ya existÃa antes de acceder a esta figura <humana>, no me retracto en confirmar que está demostrado muy hábilmente y, si no es gravoso decirlo, también muy suficientemente. Pero que, cuando nosotros muramos, aún exista en algún lugar, no me parece de igual modo. No le concedo a la objeción de Simmias que no sea más fuerte y más duradera que el cuerpo el alma. Pues me parece que en todo esto le aventaja en mucho. Entonces, ¿por qué, me puede decir el razonamiento[63], todavÃa desconfÃas, cuando ves que, al morir el individuo, la bparte que es más débil aún subsiste? ¿No te parece que lo que es más duradero es necesario que aún se conserve durante ese tiempo? Pero respecto a esta pretensión, examina lo siguiente, por si tengo razón. El caso es que necesito, según parece, también yo, como Simmias, recurrir a un sÃmil.