Dialogos III
Dialogos III »Mira, pues, qué vamos a decir contra este argumento, si alguno dconsidera que el alma, siendo una combinación de los factores existentes en el cuerpo, en lo que llamamos muerte perece la primera.
Entonces Sócrates le miró penetrantemente, como él acostumbraba hacer muchas veces, y sonriendo respondió:
—Justo, desde luego, es lo que dices Simmias. Si alguno de vosotros está mejor preparado que yo, ¿por qué no le da respuesta? Porque parece que ha manejado su razonamiento con coraje. No obstante, me parece que, antes de la respuesta, es conveniente escuchar a Cebes qué es lo que, por su parte, él le reprocha al coloquio, a fin de que, dándonos eun tiempo, deliberemos qué vamos a contestar, y luego, tras oírle, lo admitiremos, si es que parece decir algo acorde, o, de lo contrario, entonces defenderemos el razonamiento. Conque venga, Cebes —prosiguió—, di qué es lo que a ti, a tu vez, te perturbaba.