Eutidemo
Eutidemo —La belleza, la salud y otras perfecciones semejantes del cuerpo, ¿no son bienes?
—¿Quién lo duda?
—¿Qué diremos de la nobleza, del crédito y de los cargos honorÃficos de la República? ¿No los comprenderemos entre los bienes?
—Sin duda.
—¿No hallaremos aún otros bienes además de todos estos? Por ejemplo: la templanza, la justicia, la fortaleza, ¿no merecerán el nombre de bienes? ¿Alguno podrÃa negarlo?, ¿y tú?
—Éstos son bienes —dijo.
—SÃ, ¿y dónde colocaremos la sabidurÃa? ¿Le daremos cabida entre los bienes o no?
—Ciertamente; es un bien.
—Cuida de que no se nos escape ningún bien, que sea digno de consideración.
—Me parece que ninguno se nos ha olvidado.
—Recapacitando en mÃ, exclamé: ¡por Zeus!, hemos dejado olvidado el mayor de todos los bienes.
—¿Cuál? —dijo Clinias.
—Es —le dije— el buen éxito en todas las cosas, lo cual hasta los más ignorantes reconocen como el soberano bien.
—Dices verdad —respondió Clinias.