Eutidemo
Eutidemo —Fijando la reflexión sobre lo que yo acababa de decir: ha faltado poco, le dije, para que tú y yo fuéramos objeto de risa para estos extranjeros.
—¿Cómo? —repuso Clinias.
—Porque hemos hablado ya del don de acierto en todas las cosas, y aún continuamos hablando.
—¿Qué importa?
—¿No es ridÃculo repetir dos veces una misma cosa?
—¿Por qué dices eso? —replicó Clinias.
—Es, respondà yo, porque el don de acierto y la sabidurÃa son una misma cosa; hasta los niños están de acuerdo con esto.
El joven Clinias, a causa de su poca experiencia, estaba ya del todo sorprendido; yo lo advertà y añadÃ:
—¿No es cierto que los tocadores de flauta consiguen mejor que nadie el manejo de este instrumento?
—SÃ.
—¿No sucede lo mismo con los gramáticos respecto a la gramática y escritura?
—SÃ.
—Y en las cosas de mar, los más experimentados pilotos, ¿no son mejor que nadie una garantÃa de buen éxito para librarse de los peligros de las olas?
—Asà es.