Eutidemo
Eutidemo —De todo este discurso, Clinias, concluyamos que todos estos bienes de los que hemos hecho relación, no son bienes en sí mismos; que por el contrario, si a ellos se une la ignorancia, son peores que los males que les son opuestos, porque suministran más amplia materia para el mal al mismo que los posee; que si todas estas ventajas van acompañadas de la prudencia y de la sabiduría, son preferibles a los males contrarios; pero que en sí mismos los bienes no deben ser tenidos por buenos ni por malos.
—Me parece que tienes razón —dijo Clinias.
—¿Qué concluiremos de todo esto? Que excepto dos cosas, todo lo demás no es bueno ni malo; que la sabiduría es un bien y la ignorancia un mal.
Clinias lo confesó.
—Ahora —dije yo— pasemos a lo demás. Puesto que cada uno quiere ser dichoso, y que para serlo es preciso usar las cosas y usarlas bien, y que debemos a la ciencia estas dos ventajas, ¿deben o no deben hacerse los mayores esfuerzos para adquirirla y hacerse lo más sabio que sea posible?
—Eso está fuera de duda —dijo él.