Eutidemo
Eutidemo —¡Por Zeus! —respondió Ctesipo—, Dionisodoro ha dicho lo que es, pero no lo ha dicho como es.
—¿Qué dices?, Ctesipo —repuso Dionisodoro—; ¿hay gentes que digan las cosas como ellas son?
—Las hay —respondió Ctesipo—, y son los hombres de bien, los hombres veraces.
—Pero —replicó Dionisodoro—, ¿el bien no es bien, y el mal no es mal?
—SÃ.
—¿No dices que los hombres de bien dicen las cosas como ellas son?
—Lo digo.
—¿Luego los hombres de bien dicen mal el mal, puesto que dicen las cosas como ellas son?
—SÃ, ¡por Zeus! —replicó Ctesipo—, y hablan mal de los hombres malos, y procura no ser de este número para evitar que hablen mal de ti. En efecto, tú sabes bien que los buenos hablan mal de los malos.
—¿Pero —repuso Eutidemo—, hablan ellos de los hombres grandes grandemente y de los bruscos bruscamente?
—SÃ, y de los ridÃculos, ridÃculamente —replicó Ctesipo—, y asà dicen que sus discursos son ridÃculos.
—¡Ah!, ¡ah! ¡Ctesipo! —dijo Dionisodoro—, ¡he aquà que ya apelas a la injuria!