Eutidemo
Eutidemo —No, ¡por Zeus!, ya me guardaré de eso —respondió Ctesipo—; te considero demasiado para injuriarte, pero te advierto, como amigo, que no vengas a decir cara a cara, que deseo la muerte de personas que me son infinitamente queridas.
Como vi que se acaloraban, dije a Ctesipo:
—No tomes a mal, Ctesipo, como es nuestro deber, lo que estos extranjeros nos dicen; y no disputes con ellos sobre nombres, con tal de que quieran hacernos partÃcipes de su ciencia; porque si saben refundir los hombres, de suerte que de uno perverso y necio hacen un hombre de bien y sabio, poco importa que sean ellos los autores de esta ciencia admirable, o que la hayan aprendido de otro. No hay duda de que ellos no la saben, ellos que han afirmado hace un rato, que en poco tiempo han inventado un arte que convierte a los malos en hombres de bien. Siendo esto asÃ, pasemos por lo que quieren; que sacrifiquen a Clinias con tal de que le hagan un hombre de bien, y a este precio que nos pierdan a todos nosotros. Y si vosotros, jóvenes, teméis esta experiencia, que la hagan en mÃ, como si fuera un cario; es menos pérdida la de un viejo que la de un joven, y asà me entrego a Dionisodoro como a otra Medea de Colcos. Que me mate, que me cueza cuanto quiera, con tal de que me haga hombre de bien.