Eutidemo
Eutidemo —Aquà tienes, mi querido Clinias, dos hombres, Eutidemo y Dionisodoro, que no se ocupan en bagatelas y que tienen un perfecto conocimiento del arte militar, y de lo que debe practicarse para presentar en batalla un ejército y hacerlo maniobrar. Te enseñarán también cómo se defiende uno en los tribunales, cuando se ve atacado.
Eutidemo y Dionisodoro, como que se compadecieron al oÃrme hablar asÃ, y mirándose uno a otro, se echaron a reÃr. Eutidemo, dirigiéndose a mÃ, dijo:
—Nosotros no consideramos esa clase de cosas, Sócrates, sino como un puro pasatiempo.
Sorprendido yo de oÃr esto, le dije:
—Precisamente, vuestra principal ocupación debe ser de mucho interés, puesto que todas estas cosas no son para vosotros más que bagatelas; pero hacednos el favor, en nombre de los dioses, de enseñarnos cuál es el arte admirable del que hacéis profesión.
—Estamos persuadidos, Sócrates —me dijo—, de que nadie enseña la virtud tan fácilmente ni tan pronto como nosotros.