Fedón
Fedón »He aquà lo que es esta tierra con todo lo que la rodea. En torno suyo, en sus cavidades, hay muchos lugares; unos más profundos y más abiertos que el paÃs que nosotros habitamos; otros más profundos y menos abiertos; y los hay que tienen menos profundidad y más extensión. Todos estos lugares están taladrados por bajo en muchos puntos, y comunican entre sà por conductos, al través de los cuales corren como fuentes una cantidad inmensa de agua, rÃos subterráneos inagotables, manantiales de aguas frÃas y calientes, rÃos de fuego y otros de cieno, unos más lÃquidos, otros más cenagosos, como los torrentes de cieno y de fuego que en Sicilia preceden a la lava. Estos sitios se llenan de una u otra materia, según la dirección que toman las corrientes, a medida que se derraman. Todos estos surtidores se mueven bajando y subiendo como un balancÃn suspendido en el interior de la tierra. He aquà cómo se verifica este movimiento. Entre las aberturas de la tierra hay una que es la más grande, que la atraviesa por entero. Homero habla de ella cuando dice: muy lejos, en el abismo más profundo que existe en las entrañas de la tierra[28]. Homero y la mayor parte de los poetas llaman a este lugar el Tártaro. Allà es donde todos los rÃos reúnen sus aguas, y de allà es de donde en seguida salen. Cada uno de ellos participa de la naturaleza del terreno sobre que corre. Si estos rÃos vuelven a correr en sentido contrario es porque el lÃquido no encuentra allà fondo, se agita suspendido en el vacÃo y hierve de arriba abajo. El aire y el viento, que los rodean, hacen lo mismo; los siguen cuando suben y cuando bajan, y a la manera que se ve entrar y salir el aire incesantemente en los animales cuando respiran, en la misma forma el aire que se mezcla con estas aguas entra y sale con ellas, y produce vientos terribles y furiosos. Cuando estas aguas caen con violencia en el abismo inferior, de que os he hablado, forman corrientes, que se arrojan, al través de la tierra, en los lechos de los rÃos que encuentran y que llenan como con una bomba. Cuando estas aguas salen de aquà y vienen a los sitios que nosotros habitamos, los llenan de la misma manera; y derramándose por todas partes sobre la superficie de la tierra, alimentan nuestros mares, nuestros rÃos, nuestros estanques y nuestras fuentes. En seguida desaparecen, y sumiéndose en la tierra, los unos con grandes rodeos y los otros no con tantos, desaguan en el Tártaro, donde entran más bajos que habÃan salido, unos más, otros menos, pero todos algo. Unos salen y entran de nuevo en el Tártaro por el mismo lado, y otros por el opuesto a su salida; los hay que corren en cÃrculo, y que después de haber dado vuelta a la tierra una y muchas veces, como las serpientes que se repliegan sobre sà mismas, bajándose lo más que pueden, marchan hasta la mitad del abismo, pero sin pasar de aquÃ, porque la otra mitad es más alta que su nivel. Estas aguas forman muchas corrientes y muy grandes, pero hay cuatro principales, la mayor de las cuales es la que corre más exteriormente y en rededor, y que se llama Océano. El que está enfrente de este es el Aqueronte, que corre en sentido opuesto al través de lugares desiertos, y que sumiéndose en la tierra, se arroja en la laguna Aquerusia, donde concurren la mayor parte de las almas de los muertos, que después de haber permanecido allà el tiempo que se les ha señalado, a unas más, a otras menos, son enviadas otra vez a este mundo para animar nuevos cuerpos. Entre el Aqueronte y el Océano corre un tercer rÃo, que no lejos de su origen va a precipitarse en un extenso lugar lleno de fuego, y allà forma un lago más grande que nuestro mar, donde hierve el agua mezclada con el cieno; y saliendo de aquà negra y cenagosa, recorre la tierra y desemboca a la extremidad de la laguna Aquerusia sin mezclarse con sus aguas, y después de haber dado muchas vueltas bajo la tierra, se arroja en la parte más baja del Tártaro. Este rÃo se llama Puriflegetón, del que se ven salir arroyos de llamas por muchas hendiduras de la tierra. A la parte opuesta el cuarto rÃo cae primeramente en un lugar horrible y salvaje, que es, según se dice, de un color azulado. Se llama este lugar Estigio, y laguna Estigia la que forma el rÃo al caer. Después de haber tomado en las aguas de esta laguna virtudes horribles, se sume en la tierra, donde da muchas vueltas y dirigiendo su curso frente por frente del Puriflegeton, le encuentra al fin en la laguna Aquerusia por la extremidad opuesta. Este rÃo no mezcla sus aguas con las de los otros; pero después de haber dado su vuelta por la tierra, se arroja como los demás en el Tártaro por el punto opuesto al Puriflegeton. A este cuarto rÃo llaman los poetas Cocito.