Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Ya lo ves, mi querido Calicles, no son los mismos los cargos que uno a otro nos hacemos. Tú me motejas porque digo siempre las mismas cosas, y lo calificas hasta de crimen. Y yo me quejo, por el contrario, de que tú no hablas nunca de una manera uniforme sobre los mismos objetos, y de que por los mejores y más poderosos entiendes tan pronto los más fuertes como los más sabios. Y he aquà que ahora nos das una tercera definición, y al presente los más poderosos y los mejores son en tu opinión los más valientes. Querido mÃo, dime de una vez a quiénes llamas mejores y más poderosos y con relación a qué.
CALICLES. —Ya te he dicho, que son los hombres hábiles en los negocios polÃticos y valientes; a ellos pertenece el gobierno de los Estados, y es justo que tengan más que los otros, puesto que ellos mandan y éstos obedecen.
SÓCRATES. —¿Son, mi querido amigo, los que se mandan a sà mismos? ¿Ó en qué haces consistir su imperio y su dependencia?
CALICLES. —¿De qué hablas?
SÓCRATES. —Hablo de cada individuo, en tanto que se manda a sà mismo. ¿Es que no es necesario ejercer ese imperio sobre sà mismo, sino solamente sobre los demás?
CALICLES. —¿Qué entiendes por mandarse a sà mismo?