Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Acabas, Calicles, de exponer tu opinión con mucho arranque y desenfado; te explicas claramente sobre cosas que los demás piensan, es cierto, pero que no se atreven a decir. Te conjuro a que no aflojes en manera alguna, a fin de que veamos en claro el género de vida que es preciso abrazar. Dime: ¿sostienes que para ser tal como debe uno ser, no es preciso reñir con sus pasiones, sino antes bien dejarlas que crezcan cuanto sea posible, y procurar por otra parte satisfacerlas, y que en esto consiste la virtud?
CALICLES. —SÃ, lo sostengo.
SÓCRATES. —Sentado esto, resulta que es un gran error el decir que los que no tienen necesidad de nada son dichosos.
CALICLES. —De otro modo, nada serÃa más dichoso que las piedras y los cadáveres.