Gorgias
Gorgias CALICLES. —Ninguna, Sócrates; porque este hombre, cuyos toneles permanecen llenos, no disfruta ningún placer, y desde que los ve una vez llenos se verifica lo que dije antes: que vive el dueño como una piedra, sin sentir en adelante ni placer ni dolor. Al contrario, la dulzura de la vida consiste en derramar cuanto sea posible.
SÓCRATES. —¿No es necesario que si mucho se vierte, mucho se derrame, y no son precisos grandes agujeros para estos derramamientos?
CALICLES. —Sin duda.
SÓCRATES. —La condición de que hablas no es ciertamente la de un cadáver o de una piedra, sino que es la de un abismo. Además, dime: ¿no reconoces lo que se llama tener hambre, y comer teniendo hambre?
CALICLES. —SÃ.
SÓCRATES. —¿Lo mismo que tener sed y beber teniendo sed?
CALICLES. —SÃ; y sostengo que es vivir dichoso el experimentar estos deseos y otros semejantes, y estar en situación de poderlos satisfacer.
SÓCRATES. —Muy bien, querido mÃo; continúa como has comenzado, y estate alerta, no sea que la vergüenza se apodere de ti. Y también es preciso, por mi parte, que no me ruborice. Por lo pronto, dime: ¿es vivir dichoso tener sarna y comezón, tener que rascarse en grande y pasar toda su vida en este rascamiento?