Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Tampoco creo yo que Calicles consienta en ello cuando reflexione seriamente sobre sà mismo. Porque dime, ¿no crees que la manera de ser de los que son dichosos es contraria a la de los desgraciados?
CALICLES. —Sin duda.
SÓCRATES. —Puesto que estas dos maneras de ser son opuestas, ¿no es necesario que suceda con ellas lo que con la salud y con la enfermedad? Porque el mismo hombre no está al mismo tiempo sano y enfermo, y no pierde la salud al mismo tiempo que está libre de la enfermedad.
CALICLES. —¿Qué quieres decir?
SÓCRATES. —Lo siguiente: tomemos por ejemplo la parte del cuerpo que quieras. ¿No se padece algunas veces una enfermedad que se llama oftalmÃa?
CALICLES. —¿Quién lo duda?
SÓCRATES. —Es claro que al mismo tiempo no se tienen los ojos sanos.
CALICLES. —De ninguna manera.
SÓCRATES. —¡Y qué! Cuando uno se cura de la oftalmÃa, ¿pierde la salud de los ojos, y se ve uno privado a la vez de lo uno y de lo otro?
CALICLES. —No, ciertamente.
SÓCRATES. —Porque eso serÃa prodigioso y absurdo. ¿No es asÃ?
CALICLES. —Seguramente.