Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Tú la encontrarás, si la buscas con cuidado. Examinemos con toda calma si alguno de ellos ha sido virtuoso. ¿No es cierto que el hombre virtuoso, que en todos sus discursos tiene en cuenta sólo el bien, no hablará a la aventura, y que siempre se propondrá un fin? El orador se conducirá, como todos los artistas, que, aspirando a la perfección de su obra, no toman a la aventura lo que emplean para ejecutarla, sino que escogen lo que es más acomodado para darla la forma que deba tener. Por ejemplo; si echas una mirada sobre los pintores, los arquitectos, los constructores de naves, en una palabra, sobre cualquiera artista, verás que todos ellos colocan en cierto orden todo lo que les viene bien, y obligan a cada parte a adaptarse y amoldarse a todas las demás hasta que el todo reúne la armonÃa, la forma y la belleza que debe tener. Lo que los otros artistas hacen con relación a su obra, esos de que antes hablamos, quiero decir, los maestros de gimnasia y los médicos, lo hacen con relación al cuerpo, manteniendo en él el orden y el concierto debido. ¿Reconocemos o no que esto es asÃ?
CALICLES. —En buen hora, que sea asÃ.
SÓCRATES. —¿No es buena una casa, en la que reinan el orden y el arreglo, y si reina el desorden no es mala?
CALICLES. —SÃ.