Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —¿No debe decirse otro tanto de una nave?
CALICLES. —SÃ.
SÓCRATES. —El mismo lenguaje usamos respecto a nuestro cuerpo.
CALICLES. —Sin duda.
SÓCRATES. —Y nuestra alma, ¿será buena, si está desarreglada? ¿No lo estará, más bien, si todo está en ella en orden y en debida regla?
CALICLES. —No puede negarse eso en vista de las concesiones precedentes.
SÓCRATES. —¿Qué nombre se dará al efecto que producen la regla y el orden con relación al cuerpo? Lo llamas probablemente salud y fuerza.
CALICLES. —SÃ.
SÓCRATES. —Procura ahora encontrar y decirme en igual forma el nombre del efecto, que la regla y el orden producen en el alma.
CALICLES. —¿Por qué no lo dices tú mismo, Sócrates?
SÓCRATES. —Si lo prefieres, lo diré; pero espero, que si juzgas que tengo razón, convengas en ello; y si no, me rebatas y no dejes pasar nada. Me parece, pues, que se da el nombre de saludable a todo lo que mantiene en el cuerpo el orden de donde nacen la salud y las demás cualidades corporales buenas. ¿Es o no cierto esto?