Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —¿Pero será esto igualmente una garantÃa de que no cometerá injusticias? ¿O estará muy lejos de ser asÃ, si se parece a su señor que es injusto, y tiene un gran poder cerca de él? Yo creo que todos sus hechos tenderán a ponerse en situación de cometer las mayores injusticias, sin temor de que le sobrevenga ningún castigo. ¿No es asÃ?
CALICLES. —Asà parece.
SÓCRATES. —Tendrá por consiguiente en sà mismo el más grande de los males, teniendo el alma enferma y degradada por su semejanza con el tirano y por su poder.
CALICLES. —Yo no sé, Sócrates, qué secreto posees para volver y revolver el razonamiento en todos sentidos. ¿Ignoras que este hombre, que se modela por el tirano, hará morir, si lo estima conveniente, y despojará de sus bienes al que no le imite?
SÓCRATES. —Ya lo sé, mi querido Calicles, y serÃa preciso que fuese sordo para ignorarlo, después de haberlo oÃdo más de una vez de tu boca, de la de Pólux y de la de casi todos los habitantes de esta ciudad. Pero escúchame ahora. Convengo en que condenará a muerte a quien quiera, pero él será un hombre malo, y aquel a quien haga morir será un hombre de bien.
CALICLES. —¿Pues no es esto precisamente lo más triste?