Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —¿No sucede lo mismo con todas las demás cosas? Por ejemplo; si tuviéramos intención de servir al público como médicos y mutuamente nos animáramos considerándonos suficientemente versados en este arte, ¿no nos estudiarÃamos recÃprocamente tú y yo? Veamos, dirÃas tú, cómo se porta Sócrates, y si hay algún hombre libre o esclavo, que haya sanado de cualquier enfermedad mediante los cuidados de Sócrates. Otro tanto harÃa yo respecto de ti. Y si resultaba, que no habÃamos dado la salud a nadie, ni extranjero, ni ciudadano, ni hombre, ni mujer; ¡en nombre de Júpiter! Calicles, ¿no serÃa verdaderamente ridÃculo y llegar al extremo de la extravagancia querer, como suele decirse, hacerlas mejores piezas de loza en el aprendizaje del oficio de alfarero; consagrarse al servicio del público y exhortar a los demás a hacer lo mismo antes de haber dado en particular pruebas de suficiencia con buenos ensayos y en gran número, y de haber ejercido suficientemente su arte? ¿No crees que serÃa insensata semejante conducta?
CALICLES. —SÃ.