Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Se tendrÃa por un mal guarda a todo hombre que tuviese a su cargo asnos, caballos y bueyes, si imitase a Pericles; y si estos animales, hechos feroces en sus manos, coceasen, corneasen y mordiesen, cuando ninguna de estas cosas hacÃan antes de habérselos confiado. ¿No crees que, en efecto, se da pruebas de gobernar mal un animal, cualquiera que él sea, cuando habiéndole recibido manso, se le devuelve más intratable que se habÃa recibido? ¿Es esta tu opinión, sà o no?
CALICLES. —Por darte gusto digo que sÃ.
SÓCRATES. —Pues hazme el favor de decirme, si el hombre entra o no en la clase de los animales.
CALICLES. —¿Cómo no ha de entrar?
SÓCRATES. —¿No eran hombres los que Pericles tomó a su cargo?
CALICLES. —SÃ.
SÓCRATES. —Y bien: ¿no era preciso, según hemos ya convenido, que de injustos que eran, se hiciesen justos bajo su dirección, puesto que los tomaba a su cargo, si realmente hubiera sido buen polÃtico? Seguramente.
SÓCRATES. —Pero los justos son suaves, como dice Homero; y tú, ¿qué dices?, ¿piensas lo mismo?
CALICLES. —SÃ.