Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —SÃ, Calicles, con tal que pueda responder de una cosa en que has convenido más de una vez; con tal, digo, que pueda alegar para su defensa el no haber pronunciado ningún discurso, ni ejecutado ninguna acción injusta de que se avergüence, ni para con los dioses ni para con los hombres; porque muchas veces hemos reconocido que este recurso es por sà mismo el más poderoso de todos. Si se me probase que soy incapaz de procurarme este auxilio a mà mismo o a cualquier otro, me avergonzarÃa al verme cogido en esta falta, ya sea delante de pocos, ya delante de muchos, y aunque sea delante de mà solo; y me desesperarÃa si semejante impotencia fuese causa de mi muerte. Pero si perdiese la vida por no haber hecho uso de la Retórica aduladora, estoy seguro de que tú me verÃas soportar con gusto la muerte. Cuando es asÃ, el hombre no teme la muerte, a no ser un insensato o un cobarde. Lo que es temible es cometer injusticias; puesto que el mayor de los males es bajar a los infiernos con un alma cargada de crÃmenes. Si lo deseas, tengo ansia de probarte, por medio de la historia, que lo que digo es cierto.
CALICLES. —Puesto que en todo lo demás has dado la última mano, dala también en esto.