Gorgias
Gorgias QUEREFÓN. —En ese caso tendrás mucha facilidad en responder a todo, Gorgias.
GORGIAS. —No tienes más, Querefón, que hacer la prueba por ti mismo.
PĂ“LUX. —Seguramente. Pero si lo crees conveniente, QuerefĂłn, haz el ensayo en mĂ, porque Gorgias me parece que está fatigado, como que acaba de discurrir sobre machas cosas.
QUEREFÓN. —¡Pero qué! Pólux: ¿te lisonjeas de responder mejor que Gorgias?
PÓLUX. —¿Qué importa, con tal que te responda bastante bien?
QUEREFÓN. —Nada importa. Responde, pues, ya que asà lo quieres.
PÓLUX. —Interroga.
QUEREFĂ“N. —Es lo que voy a hacer. Si Gorgias fuese hábil en el mismo arte que su hermano HerĂłdico, ÂżquĂ© nombre le darĂamos y con razĂłn? El mismo que a Herodico; Âżno es asĂ?
PÓLUX. —Sin duda.
QUEREFĂ“N. —TendrĂamos motivo para llamarle mĂ©dico.
PĂ“LUX. —SĂ.
QUEREFĂ“N. —Y si fuese versado en el mismo arte que AristofĂłn, hijo de AglaofĂłn, o que su hermano[1], Âżcon quĂ© nombre deberĂa llamársele?
PÓLUX. —Con el nombre de pintor, evidentemente.