Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Por lo tanto, no es sólo conforme a la ley, sino también conforme a la naturaleza, que es más feo hacer una injusticia que sufrirla, y la justicia consiste en la igualdad. De manera que resulta que tú no decÃas la verdad antes, y que me acusabas sin razón al sostener que la naturaleza y la ley se oponÃan la una a la otra, que yo lo sabÃa muy bien, y que me servia de este conocimiento para tender lazos en mis discursos, haciendo que recayera la disputa sobre la ley, cuando se hablaba de la naturaleza, y sobre la naturaleza cuando se hablaba de la ley.
CALICLES. —Este hombre no cesará nunca de decir nimiedades. Sócrates, respóndeme: ¿no te da rubor, a tu edad, andar a caza de palabras, y creer que has triunfado en la disputa por torcer el sentido de una expresión? ¿Piensas que por los más poderosos entiendo otra cosa que los mejores? ¿No te he dicho repetidamente, que tomo estos términos, mejor y más poderoso, en la misma acepción? ¿Te imaginas, que pueda yo pensar que se deba tener por ley lo que se haya resuelto en una asamblea compuesta de un montón de esclavos y de gentes de toda especie, que no tienen otro mérito quizá que la fuerza de sus cuerpos?
SÓCRATES. —En buen hora, muy sabio Calicles. ¿Es asà como tú lo entiendes?
CALICLES. —Sin duda.