Hipias mayor
Hipias mayor SÓCRATES. —Pero en las ciudades bien gobernadas la virtud tiene gran estimación.
HIPIAS. —Es cierto.
SÓCRATES. —Por otra parte, tú eres el hombre más capaz del mundo para enseñar la virtud.
HIPIAS. —Sin duda, Sócrates.
SÓCRATES. —¿No sería principalmente en Tesalia o en cualquier otro país, en que se tenga afición a enjaezar caballos, donde sería perfectamente recibido un buen picador, prometiéndose grandes utilidades, mejor que en ningún otro punto de Grecia?
HIPIAS. —Así debe suceder.
SÓCRATES. —¿Y un hombre capaz de formar para la virtud el corazón de los jóvenes, no deberá ganar dinero y reputación en Lacedemonia y en todas las demás ciudades de la Grecia provistas de buenas leyes? ¿Deberemos creer que esto suceda más bien entre los habitantes de Ínico y de la Sicilia, que entre los lacedemonios? Sin embargo, si así lo quieres, Hipias, te creeremos.
HIPIAS. —No hay nada de eso, Sócrates; sino que los lacedemonios no tienen costumbre de alterar sus leyes, ni sufren que se dé a sus hijos una educación extranjera.
SÓCRATES. —¿Qué es lo que dices? ¿Existe en Lacedemonia la costumbre de obrar mal y no bien?
HIPIAS. —Yo no digo eso, Sócrates.