La República
La República —Sucede lo mismo con la equitación, que no se interesa por sà misma, sino por los caballos; y lo mismo otras artes, que no teniendo necesidad de nada para ellas mismas, se ocupan únicamente de la ventaja del objeto sobre que se ejercitan.
—Asà parece —dijo.
—Pero, TrasÃmaco, las artes gobiernan y dominan aquello sobre lo que se ejercen.
Dificultad tuvo para concederme este punto.
—No hay, pues, disciplina que examine ni ordene lo que es conveniente para el más fuerte, sino el interés del inferior objeto sobre que se ejercita.
Al pronto quiso negarlo, pero al fin se vio obligado a admitir este punto como el anterior; y una vez admitido, dije yo:
—Por lo tanto, el médico como médico no se propone ni ordena lo que es una ventaja para él, sino lo que es ventajoso para el enfermo, porque estamos conformes en que el médico como médico gobierna el cuerpo, y no es mercenario; ¿no es cierto?
Convino en ello.
—Y que el verdadero piloto no es marinero, sino jefe de los marineros.
Lo concedio también.
—Semejante piloto, pues, no ordenará ni se propondrá como fin su propia ventaja, sino la del marinero subordinado.