La República
La República —La condición del hombre justo es más ventajosa —dijo Glaucón.
—¿Has oÃdo —pregunté yo— la enumeración que TrasÃmaco acaba de hacer de los bienes afectos a la condición del hombre injusto?
—SÃ, pero yo no los creo —contestó.
—¿Quieres que busquemos, si podemos, algún medio de probarle que se engaña?
—¿Cómo no he de quererlo? —repuso.
—Si oponemos —dije yo— al largo discurso que acaba de pronunciar otro discurso también largo en favor de la justicia, y luego otro él y otro nosotros, será preciso contar y pesar las ventajas de una y otra parte, y además serÃan necesarios jueces para pronunciar el fallo; mientras que, tratando el punto amistosamente, hasta convenir en lo que nos parezca verdadero o falso, como antes hicimos, seremos a la vez jueces y abogados.
—Es cierto —dijo.
—¿Cuál de estos dos métodos te agrada más? —dije yo.
XX.—El segundo —contestó.
—Pues bien, respóndeme de nuevo, TrasÃmaco —dije yo—. ¿Pretendes que la completa injusticia es más ventajosa que la justicia perfecta?
—Lo afirmo de plano —dijo TrasÃmaco—, y ya he dado mis razones.