La República
La República —Muy bien; pero ¿qué piensas de estas dos cosas? ¿No das a la una el nombre de virtud y a la otra el de vicio?
—Sin duda.
—¿Das probablemente el nombre de virtud a la justicia y el de vicio a la injusticia?
—Eso parece, querido —exclamó—, puesto que yo pretendo que la injusticia es útil y que la justicia no lo es.
—¿Qué es lo que dices, pues?
—Todo lo contrario —replicó.
—¡Qué! ¿La justicia es un vicio?
—No; es una generosa candidez.[24]
—¿Luego la injusticia es una maldad?
—No; es discreción —respondio.
—¿Luego los hombres injustos son buenos y sabios a tu parecer?
—Por lo menos —dijo— los que lo son en sumo grado, y que son bastante fuertes para someter a las ciudades y a los pueblos. Quizá crees que quiero hablar de los rateros. No es porque este oficio no tenga también sus ventajas, mientras cuente con la impunidad; pero estas ventajas no son nada cotejadas con las que acabo de mencionar