La República
La República —¿El hombre injusto se parece, por consiguiente —dije—, al hombre inteligente y bueno, y el justo no se parece a éste?
—¿Cómo no ha de parecerse el que es de tal o de cual manera a los que son lo que él es, y el que no es tal, no parecerse?
—Muy bien, ¿cada uno de ellos es, por lo tanto, tal como aquellos a quienes se parece?
—¿Cómo podría ser de otra manera? —dijo.
—Trasímaco, ¿no dices de un hombre que es músico y de otro que es no-músico?
—Sí.
—¿A cuál de los dos llamas inteligente y a cuál no?
—Al músico lo llamo inteligente; al otro no.
—¿Y al uno, como inteligente, bueno; al otro malo por la razón contraria?
—Sí.
—¿No sucede lo mismo respecto del médico?
—Sí.
—¿Crees tú, hombre excelente, que un músico que arregla su lira, querrá, al aflojar o estirar las cuerdas de su instrumento, sobrepujar a otro músico?
—No me parece.
—¿Y al no-músico?
—A ése, por fuerza.