La República
La República —Ni con respecto a ella —replicó.
—¿No querrÃa, por lo menos, sobrepujar al hombre injusto, y no creerÃa poderlo hacer justamente?
—Lo creerÃa y lo querrÃa, pero sus esfuerzos serÃan inútiles —repuso.
—No es eso lo que quiero saber —dije—. Yo te pregunto solamente esto: si el justo tendrá la pretensión y la voluntad de tener ventaja, no sobre otro justo, sino solamente sobre el hombre injusto.
—SÃ, tiene esta última pretensión —dijo.
—¿Y el injusto querrÃa aventajar al justo y a la acción justa?
—¿Cómo no —dijo—, puesto que quiere prevalecer sobre todo el mundo?
—¿Querrá, por consiguiente, el injusto tener ventaja sobre el hombre y la acción injustos y se esforzará para tenerla sobre todos?
—Eso es.
XXI.—Por consiguiente, digamos —prosegu× que el justo no quiere tener ventaja sobre su semejante, sino sobre su contrario, mientras que el hombre injusto quiere tenerla sobre uno y sobre otro.
—Eso está muy bien dicho —asintió.
—¿Y no es el injusto inteligente y bueno —pregunté—, y el justo ni lo uno ni lo otro?
—También es exacto —contestó.