La República
La República —¿No llamas función propia de un caballo o de cualquier otra cosa a aquello que no se puede hacer, o por lo menos hacer bien, sino por su medio?
—No entiendo —dijo.
—De otro modo: ¿puedes ver de alguna manera que no sea por los ojos?
—No, por cierto.
—¿OÃr de otra manera que por los oÃdos?
—En modo alguno.
—¿Podremos decir, pues, con razón que éstas son sus funciones?
—SÃ, sin duda.
—Y ¿qué? ¿PodrÃas cortar un sarmiento de una cepa con un cuchillo, un cincel o cualquier otro instrumento?
—¿Cómo no?
—Pero con nada será más cómodo hacerlo que con una podadera fabricada expresamente para esto, creo yo.
—Sin duda.
—¿No estableceremos, pues, que ésta es su función propia?
—Asà lo estableceremos.
XXIV.—Comprenderás ahora, supongo, lo que últimamente inquirÃa: si la función de una cosa es aquello que sólo ella puede hacer o hacerlo mejor que ninguna otra.