La República
La República —Todos tus subterfugios son inútiles; es preciso que me escuches a mà también. Voy a exponerte una tesis contraria a la suya, la tesis de los que toman el partido de la justicia contra la injusticia. Esta oposición hará más patente lo que Glaucón, a mi parecer, se ha propuesto mostrar. Los padres recomiendan la justicia a sus hijos y los maestros a sus discÃpulos. ¿Y lo hacen en vista de la justicia misma? No, sino a causa de la buena reputación que va unida a ella, a fin de que dicha reputación de hombres justos les proporcióne dignidades, uniones honrosas y todos los demás bienes de que Glaucón ha hecho mención. Pero van aún más lejos, y les hablan de los inagotables favores que los dioses derraman a manos llenas sobre los justos. Citan al buen HesÃodo y a Homero; el primero dice que los dioses han hecho las encinas para los hombres justos, y que para ellos
Su copa tiene bellotas y su tronco abejas.
Sus corderos sucumben bajo el peso de su vellón.[4]
y otras mil cosas semejantes.
Y el segundo dice, de manera semejante:
Cuando un buen rey, imagen de los dioses,
hace justicia a sus súbditos, para él la negra tierra
da trigo y cebada, y los árboles se cargan de frutos,