La República
La República —Sin embargo, no aumentaremos mucho el Estado si le añadimos boyeros, ovejeros y pastores de todas las especies, a fin de que el labrador tenga bueyes para la labor; el constructor y el campesino, bestias de carga para el transporte de materiales; el zapatero y el tejedor, pieles y lanas.
—Un Estado en que se encuentren tantas gentes no es ya un Estado pequeño —dijo.
—No es esto todo —continué—. Es casi imposible que un Estado encuentre un punto de la tierra en el que no sean necesarias las importaciones.
—Es imposible, en efecto.
—También tendrá necesidad nuestro Estado, por consiguiente, de que vayan algunas personas a los Estados vecinos a buscar lo que le falta.
—Lo necesitará.
—Pero estas personas darán la vuelta sin haber recibido nada si no llevan para cambiar cosas que allà se necesiten. ¿No es as�
—Asà parece.
—Por lo tanto, la producción del paÃs no habrá de ser suficiente tan sólo para sus habitantes, sino también, en calidad y cantidad, para aquellos extranjeros de quienes se tiene necesidad.
—Es cierto.
—Por consiguiente, nuestro Estado tendrá necesidad de un número mayor de labradores y de otros obreros.