La República
La República —Y bravura también para combatir bien.
—¿Cómo no?
—Pero un caballo, un perro o cualquier otro animal, ¿puede ser valiente si no es fogoso? ¿No has observado que fogosidad es algo indomable, que hace al alma intrépida, e incapaz de retroceder ante el peligro?
—SÃ. Lo he observado.
—Tales son, pues, las cualidades corporales que debe tener un guardián.
—SÃ.
—Asà como también cierta tendencia a la fogosidad respecto al alma.
—También.
—Pero, mi querido Glaucón —dije yo—, si ellos son tales como acabas de decir, ¿no serán feroces los unos para con los otros, asà como respecto a los demás ciudadanos?
—Es muy difÃcil que no lo sean, por Zeus —dijo él.
—Sin embargo, es preciso que sean suaves para con sus conciudadanos, y que guarden toda su ferocidad para los enemigos; de no obrar asÃ, no habrá que esperar que otros los aniquilen, porque no tardarán en destruirse los unos a los otros.
—Es cierto —dijo.