La República
La República —Y si queremos que los defensores de nuestra república tengan horror a las disensiones y discordias —segu×, tampoco les hablaremos de los combates de los dioses, ni de los lazos que se tendÃan unos a otros; además de que no es cierto todo esto. Menos aún les daremos a conocer ni por medio de narraciones, ni de pinturas o de tapicerÃas, las guerras de los gigantes y todas las querellas que han tenido los dioses y los héroes con sus parientes y sus amigos. Si nuestro propósito es persuadirles de que nunca la discordia ha reinado entre los ciudadanos, ni puede reinar sin cometer un crimen, obliguemos a los poetas a no componer, y a los ancianos de uno y otro sexo a no referir a tales jóvenes, nada que no tienda a este fin. Que jamás se oiga decir entre nosotros que Hera fue aherrojada por su hijo y Hefesto precipitado del cielo por su padre, por haber querido socorrer a su madre cuando éste la maltrataba,[15] ni contar todos esos combates de los dioses inventados por Homero, haya o no alegorÃas ocultas en el fondo de estos relatos, porque un niño no es capaz de discernir lo que es alegórico de lo que no lo es, y todo lo que se imprime en el espÃritu en esta edad deja rastros que el tiempo no puede borrar. Por esto es importantÃsimo que los primeros discursos que oiga sean a propósito para conducirle a la virtud.