La República
La República —Ante todo —respond×, ¿no es una falsedad de las más enormes y de las más graves la de HesÃodo[13] relativa a los actos que refiere de Urano, a la venganza que provocaron en Crono, a las hazañas de éste y los malos tratamientos que recibió éste de su hijo? Aun cuando todo esto fuera cierto, no son cosas que deban contarse delante de niños desprovistos de razón; es preciso condenarlas al silencio; o si se ha de hablar de ellas, sólo debe hacerse en secreto delante de un corto número de oyentes, con prohibición expresa de revelar nada, y después de haberles hecho inmolar, no un puerco,[14] sino una vÃctima preciosa y rara a fin de limitar el número de los iniciados.
—Sin duda —dijo—, porque semejantes historias son peligrosas.
—Por lo mismo no deben oÃrse nunca en nuestro Estado —dije—. No quiero que se diga en presencia de un joven que, cometiendo los más grandes crÃmenes y hasta vengándose cruelmente de su mismo padre por las injurias que de él hubiera recibido, no hará nada de extraordinario, ni nada de que los primeros y más grandes dioses no hayan dado el ejemplo.
—¡No, por Zeus! No me parece tampoco —dijo— que tales cosas puedan decirse.