La República
La República —Y lo que es bueno, ¿no es benéfico?
—SÃ.
—¿Es causa, pues, del bien que se hace?
—SÃ.
—Lo que es bueno no es, por tanto, causa de todas las cosas; es causa del bien, pero no es causa del mal.
—No cabe duda —dijo.
—Por consiguiente —prosegu×, Dios, siendo esencialmente bueno, no es causa de todas las cosas, como se dice comúnmente. Y si los bienes y los males están de tal manera repartidos entre los hombres que el mal domina, Dios no es causa más que de una pequeña parte de lo que sucede a los hombres y no lo es de todo lo demás. A él sólo deben atribuirse los bienes; en cuanto a los males es preciso buscar otra causa que no sea la divinidad.
—Nada más cierto que lo que dices —contestó.
—No hay, pues, que dar fe a Homero ni a ningún otro poeta, bastante insensato para disparatar acerca de los dioses y para decir, por ejemplo, que:
Sobre el umbral del palacio de Zeus hay dos toneles,
uno lleno de destinos dichosos
y otro de destinos desgraciados,[16]
si Zeus toma de uno y otro para un mortal,
Su vida será una mezcla de buenos y malos dÃas;[17]