La República
La República O cuando nos presenta a Zeus olvidando, por el exceso de la pasión, los proyectos que habÃa formado cuando sólo él vigilaba durante el sueño de los dioses y de los hombres; y de tal manera impresionado a la vista de Hera que no espera a retirarse a su palacio, sino que quiere yacer con ella en aquel mismo sitio, protestándole que jamás habÃa sentido tanto cariño por ella, ni cuando por primera vez se vieron sin saberlo sus padres[21] o cuando se refiere a la aventura de Ares y Afrodita, sorprendidos en las redes de Hefesto.[22]
—De ninguna manera, por Zeus, me parece apto.
—En cambio —dije yo—, cuando nos pinta sus héroes hablando y obrando con espÃritu invencible, entonces sà que es preciso admirarle y escucharle; como, por ejemplo, cuando dice:
Golpeándose el pecho, reprendió a su corazón con estas palabras:
Mantente firme, corazón mÃo, tú has soportado los más terribles males.[23]
—SÃ, ciertamente —asintió.
—Tampoco debe consentirse que nuestros hombres sean ansiosos de riqueza, ni que se dejen corromper por presentes.
—No, sin duda.
Que no se cante delante de ellos que
Los presentes ganan a los dioses, ganan a los reyes venerables.[24]