La República
La República —Porque yo creo que dirÃamos que los poetas y los autores de fábulas se engañan gravemente con relación a los hombres cuando dicen que los malos son dichosos en su mayor parte y los hombres de bien desgraciados; que la injusticia es útil en tanto que permanece oculta y, por el contrario, que la justicia es dañosa al que la practica y útil a los demás. Les prohibirÃamos semejantes discursos y les prescribirÃamos que en lo sucesivo cantaran y relataran lo contrario, ¿no es verdad?
—Estoy persuadido de ello —dijo.
—Pero si confiesas que en esto tengo razón, ¿no deberé concluir que convienes en lo que se cuestiona desde el principio de esta conversación?
—Es justa tu reflexión —dijo.
—Por consiguiente, ¿reservaremos el tratar de cuáles son los discursos que deben admitirse respecto de los hombres para cuando hayamos descubierto lo que es la justicia y si es ventajoso en sà ser justo, sea uno o no tenido por tal?
—Tienes mucha razón —dijo.
VI.—Basta lo dicho sobre los discursos, y pasemos a la dicción. De esta manera habremos tratado a fondo lo que debe ser materia de los discursos y la forma que conviene darle.
—No entiendo eso que dices —replicó Adimanto.