La República
La República —Es preciso, por consiguiente, suprimirlas como malas —dije yo— no sólo para los hombres, sino también para aquellas mujeres que se precian de ser sabias y moderadas.
—Totalmente de acuerdo.
—Nada más indigno de los guardianes, asÃmismo, que la embriaguez, la molicie y la indolencia.
—¿Cómo no?
—¿Cuáles son, pues, las armonÃas muelles y usadas en los festines?
—Algunas variedades de la jónica y la lidia, consideradas armonÃas relajantes.
—¿Pueden ser de algún uso para los guerreros, querido?
—De ninguno —aseguró—, y, por lo tanto, no quedan otras que la dórica y la frigia, me temo.