La República
La República —¿Quién no ve, desde luego, lo que deberemos decir sobre este punto y qué reglas habremos de prescribir, si seguimos nuestros principios?
Entonces Glaucón, echándose a reÃr, dijo:
—No soy de este número, me temo, Sócrates, porque no podrÃa decir con exactitud a qué debemos atenernos sobre esta materia, aunque lo entrevea confusamente.
—Por lo menos —repliqué—, puedes decirnos algo primordial: que la melodÃa se compone de tres elementos: las palabras, la armonÃa y el ritmo.[38]
—¡Ah, eso sÃ! —dijo.
—En cuanto a las palabras cantadas, ¿no deben, como las no acompañadas de música, componerse según las leyes que hemos ya prescrito?
—Sin duda —dijo.
—Es preciso que la armonÃa y el ritmo, por su parte, correspondan a las palabras.
—¿Cómo no?
—Pero hemos dicho ya que no hacÃan ninguna falta en el discurso las quejas y las lamentaciones.
—Ninguna, en efecto.
—¿Cuáles son las armonÃas lastimeras? DÃmelo, ya que eres músico.
—La lidia mixta, la lidia tensa y otras semejantes —enumeró.