La República
La República —¿No lo es aún mucho más —segu× no sólo pasar casi toda la vida litigando ante los tribunales, sino también, dando muestras de bajeza de sentimientos, jactarse de ello y hacer alarde de ser injusto, como si fuera bueno saber todas las trampas curiales y giros tortuosos, acudir a toda clase de subterfugios y escapar doblándose como el mimbre a fin de evitar el castigo, aun en asuntos intrascendentes. Y todo esto se hace porque no se calcula que es infinitamente mejor y más decoroso conducirse de manera que no haya necesidad de acudir a un juez soñoliento.
—SÃ, eso aún es más vergonzoso —afirmó.
—¿Y lo será menos el acudir sin cesar al médico —prosegu×, no en caso de heridas o de cualquier enfermedad producida por la estación, sino por tener el cuerpo lleno de humores y de vapores, como los pantanos, a causa de esa vida muelle que hemos descrito, obligando a los ingeniosos AsclepÃadas[41] a inventar para tales enfermedades las palabras nuevas de «flatulencia» y «catarro»?
—Es cierto —dijo— que estas palabras son nuevas y estrambóticas.