La República
La República —Y desconocidas, en mi opinión —dije yo—, en tiempo de Asclepio. Lo que me obliga a pensar asà es que sus dos hijos,[42] que se encontraron en el sitio de Troya y que se hallaron presentes cuando una mujer dio a EurÃpilo, que estaba herido,[43] una bebida hecha de vino de Pramno, de harina y de queso, cosas todas a propósito para engendrar inflamaciones, no reprendieron ni a esta mujer ni a Patroclo, que curó la herida.
—Sin embargo, era una bebida bien extraña, dado el estado del hombre —comentó.
—Juzgarás de otra manera —repliqué—, si reflexionas que antes de Heródico los AsclepÃadas no conocÃan este método tan de moda hoy dÃa, que consiste en conducir «pedagógicamente» las enfermedades. Heródico habÃa sido maestro de gimnasia; cuando se encontró valetudinario, hizo una mezcla de la medicina y la gimnasia, de que se sirvio primero para atormentarse a sà mismo, y después para atormentar a muchos más.
—¿Cómo? —inquirió.
—Procurándose una muerte lenta —respond×; como su enfermedad era mortal y no podÃa curarla enteramente, se obstinó en seguirla paso a paso, despreciando todo lo demás, para consagrar a ella toda su atención, y siempre estaba devorado por la inquietud, a poco que se separara de su régimen; de suerte que, a fuerza de arte y de cuidado, llegó hasta la vejez, arrastrando una vida moribunda.