La República
La República —No veo que sea posible —respondio— convencer a las personas de que hablamos; pero creo que se podrá conseguir de sus hijos y de todos los que después nazcan.
—Comprendo lo que quieres decir. Esto serÃa excelente para inspirarles más aún el amor al Estado y a sus conciudadanos.
XXII. Que esta invención tenga todo el éxito que la fama quiera darle. Respecto a nosotros, armemos desde luego a estos hijos de la tierra y hagámoslos avanzar conducidos por sus jefes. Que se aproximen y que escojan en nuestro Estado un sitio para campamento, desde el que puedan reprimir mejor las sediciones de dentro y rechazar los ataques de fuera, si el enemigo viene como un lobo a echarse sobre el rebaño. Que después de haber designado el sitio para acampar y hecho sacrificios a quien convenga, monten sus alojamientos; ¿no es as�
—Sin duda —respondio.
—Que sean tales que los libren del frÃo y del calor, ¿no es eso?
—¿Cómo no? Porque supongo que hablas de habitaciones.
—Sà —dije—; pero habitaciones de guerreros y no de negociantes.
—¿Qué diferencia encuentras entre unas y otras? —preguntó.