La República
La República —Esta expresión: dueño de sà mismo, tomada a la letra, ¿no es ridÃcula? Porque quien es dueño de sà es también esclavo de sà mismo, y el que es esclavo, también dueño, puesto que esta expresión se refiere a la misma persona?
—¿Cómo no?
—He aquÃ, a mi parecer, sin embargo, el sentido en que debe tomarse —dije yo—. Hay en el alma del hombre dos partes: una superior y otra inferior. Cuando la parte superior por naturaleza manda a la inferior, se dice del hombre que es dueño de sà mismo, y es un elogio. Pero cuando, por falta de educación o por cualquier mala compañÃa, la parte inferior, que es mayor, impera sobre la superior, que es menor, se dice del hombre que es desarreglado y esclavo de sà mismo, lo cual se tiene por vituperable.
—Esa explicación me parece exacta —dijo.
—Echa ahora una mirada —dije— sobre nuestro nuevo Estado, y encontrarás en él una de esas dos situaciones, y verás que puede decirse con razón de él que es dueño de sà mismo, si es cierto que debe llamarse templado y dueño de sà propio a todo hombre, a todo Estado, en el que la parte mejor manda a la peor.
—Ya miro y encuentro que dices verdad —respondio.