La República
La República —Sin embargo, no quiere decir esto que no se encuentren en él pasiones sin número y de todas clases, lo mismo que placeres y penas en los niños y las mujeres, en los esclavos y hasta en la mayor parte de los que se dicen ser de condición libre y que valen poca cosa.
—Sin duda.
—Pero con respecto a los sentimientos sencillos y moderados, fundados sobre opiniones exactas y gobernados por la razón y el buen juicio, sólo se encuentran en un pequeño número de personas, que unen a un extenso natural una excelente educación.
—Es cierto —dijo.
—Pero ¿no ves que también en nuestro Estado ocurre esto: que los deseos y las pasiones de la multitud, que es la parte inferior, son dominados por la prudencia y la voluntad del pequeño número, que es el de los más aptos?
—Lo veo —dijo.
IX.—Si de alguna sociedad puede decirse, pues, que es dueña de sà misma, de sus placeres y de sus pasiones, es preciso decirlo de ésta.
—Enteramente —dijo.
—Y que por esta razón es temperante; ¿no es as�
—En alto grado —dijo.