La República
La República —No hemos olvidado tampoco que el Estado es justo cuando cada uno de los tres ordenes que lo componen hace únicamente lo que le corresponde.
—No creo que lo hayamos olvidado —dijo.
—Acordémonos, pues, de que cada uno de nosotros será justo y cumplirá su deber cuando cada una de las partes de sà mismo realice su tarea.
—SÃ; es preciso no olvidarlo —dijo.
—¿No pertenece a lo racional mandar, puesto que en ello es donde reside la prudencia, y que a ello toca también la inspección sobre toda el alma? ¿Y no toca a la fogosidad obedecerlo y secundarlo?
—Enteramente.
—¿Y cómo se podrá mantener un perfecto acuerdo entre estas dos partes sino mediante esa mezcla de la música y de la gimnasia de que hablamos más arriba, y cuyo efecto será, de una parte, nutrir y fortificar la razón con buenos preceptos y enseñanzas, y de otra, dulcificar y apaciguar el valor por el encanto del ritmo y de la armonÃa?
—Bien seguro —dijo.