La República
La República —¿No estará, asÃmismo, lejos de profanar los templos, dilapidar y hacer traición en la vida pública al Estado o en la privada a sus amigos?
—Bien lejos.
—¿De faltar en manera alguna a sus juramentos y a otros compromisos?
—Sin duda.
—El adulterio, la falta de respeto para con sus padres y de veneración para con los dioses: he aquà faltas de las que será menos capaz que otro cualquiera.
—Que cualquier otro —convino.
—La causa de todo esto, ¿no es la subordinación establecida entre las partes de su alma y la aplicación de cada una de ellas a cumplir su obligación, tanto de gobernar como de obedecer?
—No puede ser otra.
—Pero ¿conoces tú alguna otra virtud que no sea la justicia, que pueda formar hombres y Estados de este carácter?
—No, por Zeus —dijo.
XVII.—Vemos, pues, ahora con toda claridad lo que al principio no hacÃamos más que entrever. Apenas habÃamos echado los cimientos de nuestro Estado, cuando, gracias a alguna divinidad, hemos encontrado como un modelo de la justicia.
—Enteramente cierto.