La República
La República —Por lo tanto —dije—, no se dirá que mentimos si aseguramos que hemos encontrado lo que es un hombre justo, un Estado justo, y en qué consiste la justicia.
—No, por Zeus —dijo.
—¿Lo afirmaremos, pues?
—Lo afirmaremos.
XVIII.—Sea asà —dije—, y ahora me parece que nos falta examinar lo que es la injusticia.
—Claro está.
—¿Puede ser otra cosa que una sedición de aquellos tres elementos, que se extralimitan entrando en lo que no es de su incumbencia, usurpando atribuciones ajenas; una sublevación de la parte contra el todo del alma, para arrogarse una autoridad que no le pertenece, porque, por su naturaleza, está hecha para obedecer a lo que está hecho para mandar? Y diremos nosotros que este extravÃo y turbación es injusticia, indisciplina, cobardÃa, ignorancia, en una palabra, total perversidad.
—Eso es —convino.
—AsÃ, pues —dije yo—, el cometer acciones injustas y actuar injustamente, asà como el realizar acciones justas, ¿sabemos distinguirlo con claridad si realmente tenemos clara la injusticia y la justicia?
—¿Cómo?
—En realidad —dije— sucede con ellas respecto al alma lo que sucede con las cosas sanas y nocivas al cuerpo.