La República
La República —No es fácil, mi querido Glaucón —dije—, porque se dará por los espÃritus menos crédito aún a lo que tengo que decir que a todo lo que ha precedido. Lo que voy a manifestar, o no se considerará nunca posible, o aun cuando se vea la posibilidad, se dudará de su bondad. Aquà tienes lo que me impide decir libremente mi pensamiento. Temo, mi querido amigo, que se lo tome por un vano deseo.
—No temas nada —dijo—, pues no son hombres ignorantes, obstinados ni malintencionados los que te van a escuchar.
—Al hablarme de esta manera, excelente Glaucón, ¿te propones tranquilizarme? —pregunté yo entonces.
—Sà —replicó.