La República
La República V.—Luego, si nos encontramos —dije— con que el sexo del hombre difiere del de la mujer con relación a ciertas artes y a ciertos oficios, inferiremos que tales oficios y artes deben asÃgnarse cada uno al sexo respectivo. Pero si entre ellos no hay otra diferencia que la de que el varón engendra y la mujer pare, no por esto consideraremos como cosa demostrada que la mujer difiere del hombre en el punto de que aquà se trata; y nos sostendremos en la creencia de que no debe hacerse ninguna distinción respecto a los oficios entre nuestros guerreros y sus mujeres.
—Tendremos razón para ello —dijo.
—Ahora que nos diga nuestro argumentante cuál es en la sociedad el arte u oficio para el que las mujeres no hayan recibido de la naturaleza las mismas disposiciones que los hombres.
—Es justo hacerle esa pregunta.
—Quizá nos responderÃa algún otro lo que tú hace poco decÃas; que no es fácil contestar en el acto, pero que, después de algunos momentos de reflexión, nada más sencillo que responder.
—PodrÃa muy bien darnos esa respuesta.
—Supliquémosle, si quieres, que nos escuche, mientras intentamos demostrarle que no hay en la república oficio alguno que sea propio únicamente de las mujeres.
—Consiento en ello.