La República
La República —Sientas bien la cuestión —dijo.
—¿Tenemos mayor mal para un Estado que lo que lo divide, haciendo de uno solo muchos?, ¿o mayor bien, por el contrario, que el que liga todas sus partes, haciéndolo uno?
—No tenemos otro.
—¿Y qué cosa más propia para formar esta unión que la comunidad de placeres y de penas entre todos los ciudadanos, cuando todos se regocijan con las mismas felicidades y se afligen con las mismas desgracias?
—Seguramente —dijo.
—¿Y no se divide un Estado, por el contrario, cuando la alegrÃa y el dolor son personales, y lo que ocurre al Estado y a los particulares es objeto de suma alegrÃa para unos y de suma tristeza para otros?
—¿Cómo no?
—¿De dónde nace esta oposición de sentimientos, sino de que todos los ciudadanos no dicen al unÃsono las palabras «mÃo» y «no mÃo», y otras análogas respecto a lo ajeno?
—Exactamente.
—El Estado en que más personas digan igual y respecto a lo mismo las palabras «mÃo» y «no mÃo», ¿no será el mejor gobernado?
—Con mucho.